Un agujero negro es un objeto celeste cuya densidad es tal que la curvatura del espacio adyacente está plegada sobre sí misma, por lo que resultan "aislados" del universo exterior y ni siquiera la luz puede escapar, dando origen al nombre. Los agujeros negros no sólo no emiten luz sino que absorben todo tipo de radiación o materia que se acerque lo suficiente.
La curvatura del espacio en los alrededores de un agujero negro debida a la intensa gravedad provoca una singularidad llamada horizonte de sucesos, límite del espacio a partir del cual ninguna partícula puede salir, incluyendo la luz. Dicha curvatura es estudiada por la relatividad general, la cual predijo la existencia de los agujeros negros y fue su primer indicio.
Se cree que en el centro de la mayoría de las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, hay agujeros negros supermasivos.
